Búscate una nueva esposa
Written by admin_271010   
Monday, 17 January 2011

Lunes, 17 de Enero de 2011

Escrito por: Dave Lowry.

Estaba sentado con un sensei de karate en su dojo una tarde, de visita, cuando se le aproximó un sujeto que había venido a observar la clase ese día. Dicho individuo comentó que estaba interesado en empezar karate, pero se preguntaba si el entrenamiento podría suponerle un problema. Era corredor de maratón, explicó, y dedicaba varias horas a la semana a correr y viajar a las competiciones. ¿Podría la práctica del karate interferir con ello?

En otra ocasión, un conocido me comentó que quería empezar a estudiar el arte del aikido. Pero siendo profesor de colegio y estando mal pagado, no estaba seguro de poder permitirse las tarifas de 30 dólares al mes que cobraban en el dojo al que se quería apuntar. Resulta pertinente añadir, en este caso, que dicho conocido era fumador y fácilmente invertía más de 30 dólares al mes en su hábito.

Cuando me encuentro con esta clase de personas, siempre recuerdo la historia de un cetrero que escuche en una ocasión. La cetrería, por supuesto, es el arte de criar y entrenar aves de presa –halcones, gavilanes e incluso águilas- para cazar. Es un arte muy, muy antiguo, que requiere una tremenda cantidad de estudio acerca de la vida y comportamiento de estas aves. También exige una paciencia asombrosa para domesticarles y acostumbrarse a su altamente nervioso carácter. Los cetreros habitualmente pasan varias horas al día con sus aves. Este cetrero en particular, conoció a un hombre que le dijo que quería aprender cetrería pero que tenía miedo de que su mujer no se adaptara bien a la presencia de un depredador de aspecto feroz como complemento permanente del patio trasero. ¿Qué debería hacer? El cetrero respondió: “Búscate una nueva esposa.”

Es, supongo, un síntoma de nuestra civilización moderna en la que, si se me permite parafrasear a Churchill, muchísimos quieren tener tanto, invirtiendo tan poco. Tenemos padres que pretenden criar a los hijos perfectos mientras que, simultáneamente, ejercen carreras profesionales que evitan que puedan ver a su prole más de unos pocos minutos al día. Tenemos a personas solteras que quieren establecer relaciones duraderas y significativas y que creen que pueden lograrlo escribiendo unas cuentas líneas aparentemente ingeniosas en un anuncio de contactos de un periódico. Y yendo más al grano, tenemos budokas potenciales que esperan cosechar los beneficios de las artes marciales sin ningún tipo de sacrificio real. Todos ellos van a sentirse decepcionados.

Lo cierto es que, criar correctamente a los hijos requiere de una enorme dedicación y sacrificio. Las relaciones sanas y afectuosas no pueden fundamentarse en la base de unos cuantos anuncios vivaces en un periódico. Requieren tiempo y la voluntad de comprometerse y crecer. Para hacer del budo una forma de vida se necesita de exactamente lo mismo. Aquellos posibles candidatos a entrar en la vía marcial que creen que pueden conseguir cualquier tipo de progreso en el camino sin sacrificios se están engañando a si mismos.

El consejo del cetrero de buscarse una nueva esposa puede sonar duro. No era, creo que podemos asumir, completamente en serio. Pero su argumento era que una disciplina complicada y difícil como la cetrería requiere de una dedicación fuera de lo común. El sujeto que le preguntó acerca de empezar a aprender cetrería en realidad no tendría que haber dejado a su mujer si quería ser cetrero. Pero si deseaba implicarse con esa clase de arte, tendría que estar preparado para realizar algunos cambios significativos en su vida. Esto se debe a que, al contrario de lo que se suele opinar frecuente y popularmente, no todas las vocaciones que están disponibles para nosotros son idénticas. Ha sido conveniente para muchos maestros de artes marciales y otros tantos promotores, el presentar al budo como una suerte de pasatiempo, un hobby al que podemos acercarnos exactamente como lo haríamos a los bolos o a los juegos de cartas. Se puede, sugieren estos tipos, ir un par de noches a la semana al dojo del barrio para un “ejercicio” rápido y después dejarlo todo atrás cuando se sale por la puerta. A este respecto, el entrenamiento en artes marciales se ve como si fuera similar a unirse a un gimnasio o centro de fitness de los que vemos anunciado por todas partes.  El budo, sin embargo, no es como levantar pesas o ir a clases de aerobic. Los objetivos que se persiguen en el dojo son significativamente distintos de los de un gimnasio.

El budo –algo muy complicado de describir en su totalidad, teniendo en cuenta que no tenemos nada análogo en occidente- es una disciplina polifacética. Abarca un riguroso y extremadamente exigente esfuerzo físico, una decidida dedicación a antiguos y, muy a menudo, foráneos valores culturales, y la voluntad de someterse a un método de enseñanza y transmisión de conocimientos que es completamente distinto a las formas a las que estamos acostumbrados. Solamente aprender a moverse por el suelo de rodillas, un ejercicio estándar en aikido, por ejemplo, lleva años para realizarse correctamente y sin mucha incomodidad. Los conceptos del budo en los niveles más altos requieren una seria inversión de tiempo y energía. Nadie con menos de una década de constante entrenamiento y reflexión puede esperar comprender incluso los aspectos más básicos de algunos de estos conceptos. Por lo tanto, además, debido a que el budo no es un arte nativo de nuestro país, aquellos cualificados para enseñarlo en sus niveles más altos son escasos y están muy dispersos. Viajar a distintas ciudades o al Japón es, en algún momento de su entrenamiento, un deber para la mayor parte de los budokas.

Todos estos factores deben de ser tenidos en cuentas por el budoka. Ninguno de ellos supone la clase de consideración que es sopesada cuando se toma la decisión de  empezar a practicar softball o levantamiento de pesas, o cualquiera de las vocaciones más convencionales en las que aquellos que nos rodean pueden elegir involucrarse. El budo no es un pasatiempo ordinario, y aquellos que lo siguen no pueden ser ordinarios tampoco. Así que al corredor de maratón que se sentía preocupado por si el karate podría interferir con su actividad, le diría, sí, lo hará. Está en la naturaleza del budo, sea el karate o cualquier otro. Y si no puedes dar a las artes marciales el tiempo y la atención que se merecen, el tiempo y la atención necesarios para hacer de ellos una parte significativa de tu vida, entonces tanto tú como el budo estaréis mejor si lo dejas en paz. Al sujeto que invertía dinero en su hábito de fumador sin queja alguna pero que estaba vacilando ante el tener que realizar una inversión similar en el entrenamiento de Aikido, no puedo imaginar, francamente, que decirle. Alguien con esas prioridades está probablemente abocado, me temo, a descubrir que el coste del budo es demasiado alto para él, da igual cual sea su precio.

Copyright ©2000 Dave Lowry. Todos los derechos reservados.
Traducido por: Fco. Casas.
Last Updated ( Monday, 17 January 2011 )